Reli, mas que una asignatura, un camino | Curiosidades de la Capilla Sixtina
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Curiosidades de la Capilla Sixtina

Curiosidades de la Capilla Sixtina

La Capilla Sixtina conocida originalmente como Cappella Magna y dedicada a María Asunta en el cielo, toma su nombre del Papa Sixto IV, quien ordenó su restauración entre el 1475 y 1481.

Tiene las mismas dimensiones que el Templo de Salomón tal y como está descrito en el Antiguo Testamento.

La fama de la Capilla Sixtina se debe principalmente a su decoración al fresco, y especialmente a la bóveda y El Juicio Final, obras de Miguel Ángel, quien no aceptó con buenas ganas la responsabilidad porque se destacaba más como escultor.

Para pintar la bóveda Miguel Ángel construyó su propio andamio, una plataforma de tablas de madera sujetas sobre soportes creados a partir de agujeros de las paredes, a la altura de las ventanas. Al contrario de lo que se cree, no tenía que tumbarse sobre el andamio para pintar, sino que pintaba de pie.

En 1990, el doctor Frank Lynn Meshberger publicó en la Revista de la Asociación Médica Norteamericana que las figuras y sombras representadas tras la figura de las vestimentas de Dios y los ángeles aparecían como una acertada representación del cerebro humano. Según ellos, esta sería la manera de Miguel Ángel de simbolizar el traspaso de inteligencia al hombre por parte de Dios.

A la derecha debajo de los pies de Cristo está San Bartolomé, que muestra en una mano el instrumento con el cual fue despellejado vivo y con la otra mano, su piel, que le fue arrancada. La piel despellejada es un autorretrato de Miguel Ángel. Una de las interpretaciones existentes para este hecho es que quizá es un reflejo del pesimismo de Miguel Ángel, ya mayor, en plena crisis de Fe. También se baraja otra interpretación: como odiaba pintar no hay nada peor que pintar, ni siquiera morir despellejado.

Cuando el maestro de ceremonias del papa, Biagio da Cesena, dijo que era vergonzoso que en un lugar tan santo se hubieran representado todas esas figuras desnudas, y que era una decoración propia de un baño público o de una taberna, pero no de una capilla papal, Miguel Ángel le representó en el fresco como Minos, el juez del infierno. Se dice que cuando Cesena se quejó al Papa, el pontífice respondió que su jurisdicción no incluía el infierno, por lo que el retrato se mantendría.

Los genitales del fresco fueron cubiertos más tarde por el artista Daniele da Volterra, al que este trabajo le hizo ganarse el apodo de “Il Braghettone” (“El Pintacalzones”).

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